
El Jardin Botanico y su reconocido mariposario ubicados en Calarcá hacen parte del Paisaje Cultural Cafetero.

Alberto Gómez Mejía tuvo la visión de crear un jardín botánico, que se convirtió en un referente, pues la fundación Jardín Botánico del Quindío es hoy, después de 35 años, uno de los más importantes de Colombia.
¿Cómo empezó el Jardín Botánico del Quindío?
Fue una idea del profesor Jesús Idrobo —qepd—, un botánico que yo invité cuando estaba de alcalde de Armenia en el año 1975, tiempo en el que yo ya me había vinculado a las actividades de ecología, pues desde 1973 era miembro de la Sociedad Colombiana de Ecología, de la que fui presidente y luego vicepresidente.
Esta persona nos dijo que por qué no organizábamos un jardín botánico, por lo que empecé a averiguar de qué se trataba y a aprender de ese tema y en 1979 con la ayuda de Raúl Castro, profesor de la universidad del Quindío —qepd—, con amigas del club de Jardinería y amigos personales, creamos la fundación Jardín Botánico del Quindío y la gobernación del Quindío nos otorgó la personería jurídica.
Cuando reciben la personería jurídica, ¿ya tenían el espacio para ubicarse?
No, no teníamos ni idea, habíamos visto un terreno en Bremen, finca que compró la Corporación Autónoma del Quindío, CRQ, y allí nos otorgaron un contrato de comodato a 100 años por un lote de 10 hectáreas de bosque natural con una altísima diversidad biológica entre la que se podía encontrar el famoso árbol Molinillo o Magnolia Hernandezii, característico de la cuenca del río Cauca. En este lugar estuvimos los primeros años y después pudimos adquirir el lote en Calarcá.
¿Cómo fue el proceso para la adquisición de este lote?
Contamos con la ayuda de Lucely García de Montoya, quien era dirigente política y yo le conté que había conocido en Calarcá lo que se conocía como el Monte de la Viuda que era muy rico en biodiversidad y que mantenía el ecosistema básico de lo que había en esta región antes de que los españoles empezaran a colonizar este territorio. Ella habló con los dueños que eran Cornelio Hoyos y César Valencia —ambos ya fallecidos— y ellos quisieron negociar el terreno y yo me puse en la tarea de conseguir el dinero.

¿Qué debió hacer para abrir el Jardín al público?
Recibimos una sugerencia del doctor Diego Arango, fundador del Parque Nacional del Café, quien nos dijo que no abriéramos el lugar hasta que no estuviera todo terminado —que tuviera cafetería, baños, senderos, sillas y comodidades—.
Así lo hicimos, reunimos todos los recursos para hacer la infraestructura, $450 millones, provenientes del Fondo Nacional Ambiental y después del terremoto, el Forec nos dio algo menos de $500 millones y con esto pudimos hacer el mariposario y terminar otras cosas para abrirlo al público en el año 2000. Nos sentimos muy orgullosos, porque desde la apertura hasta ahora casi medio millón de personas han visitado este lugar. La Edeq patrocina 1.500 niños anuales, que van al jardín a recibir capacitación ambiental.
¿Cómo surgió el mariposario?
Yo me dediqué a visitar jardines botánicos por todo el mundo y veía que en cada país el Estado ayudaba estos sitios, pero en Colombia es muy difícil conseguir apoyo de este tipo, por lo que sabía que tenía que ingeniarme algo para atraer a la gente.
En el año 1990, cuando estaba trabajando en Bogotá, publicamos un álbum sobre mariposas y leí un libro de Miriam Rothschild que se llama El jardinero de mariposas, en el que la autora explica cómo se debe hacer un mariposario.
Hice un viaje hasta Londres, para conocer la autora del texto, quien me brindó una gran ayuda y gracias a todo ese aprendizaje fue que decidí que antes de abrir este sitio debía tener un mariposario porque este sería el atractivo principal.
El 90% de personas que nos visitan lo hacen por este santuario de mariposas, pero es lo último que ven y hay que destacar que cuando están en la mitad del recorrido ya están maravillados de toda la naturaleza que han observado y conocido sin ni siquiera haber ido al mariposario en donde termina la caminata.

¿Qué es hoy el Jardín Botánico del Quindío?
Considero que sin contar Bogotá y Medellín, es el jardín botánico más importante del país en términos de ecoturismo, educación ambiental e investigación científica. No somos el único con mariposario ya que en la capital antioqueña montaron uno, pero no ha tenido el mejor progreso, en cambio nosotros ya contamos con cerca de 40 especies diferentes y más de 1.500 mariposas volando permanentemente.
¿Qué representa este sitio para la región?
Representa un escenario donde se puede preservar la riqueza nativa. Nosotros, en los Andes centrales de Colombia, tenemos una diversidad muy alta, pero también muy amenazada, por lo que nosotros nos hemos centrado en conservar las especies nativas por lo que realizamos trabajos de siembra y repoblamiento de este tipo de fauna y flora.
Además estamos trabajando en el tema de educación y hemos estructurado talleres que ya son famosos a nivel nacional. Hablamos con el ministerio de Educación sobre este aspecto y estamos pendientes de una segunda sesión de trabajo porque por obligación los colegios deben complementar los estándares educativos y en ciencias naturales realizamos los trabajos con base en los requerimientos.

Para esto se hacen jornadas especiales y en abril todos los estudiantes de bajos recursos ingresan gratis al jardín, para lo que deben inscribirse desde enero.
¿Cómo le va económicamente al jardín?
Nos hemos sostenido, los ingresos y los egresos están a la par y eso ya es mucho decir, porque es muy difícil que una ONG se autosostenga y nos sentimos orgullosos por eso. Tenemos una nómina de 22 personas de la cuales seis son profesionales y tres tienen maestría.
¿De qué manera van a celebrar el aniversario del jardín?
Para la celebración de los 35 años, el 5 de junio vamos a hacer unas actividades especiales. Vamos a inaugurar el comienzo de lo que va a ser el jardín de plantas acuáticas, vamos a estrenar dos obras de arte de la artista quindiana María Ruiz que dibujó dos especies vegetales muy significativas para nosotros como es el árbol Magnolia Hernandezii y una especie de palma que fue descrita en noviembre del año pasado. Asimismo, la Federación Nacional de Cafeteros nos va a donar una escultura de una mariposa de 2 metros, hecha por una artista colombiana y la vamos a instalar en el Jardín de los enamorados. Asimismo, Luis Genaro Muñoz, gerente de la entidad que hace la donación, va a hablar sobre la caficultura ecológica.
Desde el viernes próximo hasta final de año vamos a iniciar una serie de conferencias, el primero en exponer será Gonzalo Andrade, phd en entomología, experto en mariposas, quien nos va a dictar una charla sobre el estado actual de la investigación de mariposas en Colombia.
Después de él va a estar su esposa que nos hablará sobre los anfibios en los ecosistemas y por último estará el doctor Enrique Forero, presidente de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Accefyn, entre otros.
TOMADO DE: www.lacronicadelquindio.com







