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Templos, cultura y naturaleza. Punto de partida de las expediciones a la cima más alta del mundo.

16 días de caminata por una de las cordilleras más extremas del planeta. Templos, cultura y naturaleza. Un viaje hasta los 5.550 metros sobre el nivel del mar. Punto de partida
de las expediciones a la cima más alta del mundo.

 

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Subir a la cima del monte Everest es una hazaña que muy pocos valientes cuentan en su vida. Los 8.848 metros de altura de esta cima solo se pueden alcanzar en expediciones
organizadas que cuestan cerca de $400 millones.

Sin embargo, al campamento base del Everest se puede llegar de manera independiente. Es el único lugar que permite estar cerca de esta mítica montaña sin excursiones ni guías.
Además de fuerza física y mental, es necesario pagar el permiso de caminatas de Nepal, la entrada a la reserva natural, el alojamiento y la comida.

El viaje inicia volando desde Katmandú a Lukla, un pueblo sin vías terrestres que tiene el aeropuerto más peligroso del mundo. La pista a la llegada es en subida y por supuesto
en bajada a la salida. Las avionetas son reliquias y su administración es precaria.

Desde este punto inicia la caminata de 16 días. En el camino se ven templos y monasterios budistas, placas en memoria de los que han muerto en la montaña, banderas de colores y  cilindros con mantras para la buena suerte. Se deben cruzar cerca de 20 puentes colgantes, 8 pequeñas aldeas y dos puntos obligados de climatización.

La vida de montaña

Esta caminata se hace en uno de los lugares más remotos e inaccesibles de la tierra. Allí no hay carreteras, estaciones de servicio, acueductos, redes de luz o de gas. Cada
papa, grano de azúcar o rollo de papel se sube a lomo de mula, burro o vaca. Es la tierra de los sherpas, un grupo de hombres que en sus espaldas cargan hasta 50 kilos de
mercancía por las montañas.

Los albergues para los caminantes ofrecen buenas condiciones. A lo largo del camino existen pequeñas poblaciones en las que se puede dormir y comer. Las instalaciones son
básicas pero ofrecen lo necesario para descansar.

En estos sitios todo tiene un precio extra. Es necesario pagar no solo por dormir o comer, allí se paga por una ducha caliente, por cargar el teléfono, por el papel higiénico,
por una cobija de más o por beber agua caliente. En estas montañas todo es un lujo. Sobre los 4 mil metros no crece o se cultiva nada.

El frío en primavera entra hasta los huesos. Temperaturas de menos 10 grados son constantes. Todo congelado: el agua de los baños, los vidrios, las ventanas. Las horas de
descanso se pasan junto a las estufas que queman estiércol de Yak (vacas de las altas montañas) o pequeños trozos de madera.

Sobre los 5 mil metros

El oxígeno escasea. La respiración no es la misma. Los pensamientos cambian y llega el insomnio. Pasos pequeños, tomar aire, parar, descansar, repetir. En este punto muchos dan
la vuelta, unos continúan con lo poco que les queda y algunos con más suerte van como si nada.

Llegar al campamento. Llegar a la meta. A la base del techo del mundo. En esta época del año no hay mucha infraestructura de escalada o de expediciones para ver. Solo existen un
par de carpas de servicio, por lo que se aprecia toda la inmensidad y la belleza del paisaje.

El campamento base no ofrece una vista amplia del monte Everest por lo que es necesario iniciar una caminata a las 4:30 de la mañana y con -25 grados de temperatura al cerro
Kala Patthar de 5.560 metros de altura. Desde allí la vista del amanecer sobre la cordillera Himalaya hace estremecer hasta al más insensible. Una maravilla.

Nuevamente se empieza el descenso. Atrás quedan los picos de 8 mil metros, los rostros colorados, el silencio, la arena, la tundra, los glaciares, el vacío, la inmensidad. Atrás
quedan las cumbres milenarias e inmensas que demuestran todo el poder y la belleza que tiene la naturaleza.

 

 

TOMADO DE: www.lapatria.com