Cada semestre por los pasillos de las universidades se ven caminar unos seres especiales, ellos son los denominados “Primiparos”, jóvenes entre 15 y 18 años que con mirada tímida y presencia casi imperceptible para evitar la burla
Cada semestre por los pasillos de las universidades se ven caminar unos seres especiales, ellos son los denominados “Primiparos”, jóvenes entre 15 y 18 años que con mirada tímida y presencia casi imperceptible para evitar la burla, llegan a un mundo nuevo con un cúmulo de expectativas y temores; esos que surgen cuando se piensa en el futuro.

Y es que pasar del colegio a la universidad, es todo un proceso que genera incertidumbres camufladas con nuevas experiencias, primero porque se pasa de ser el grande en el bachillerato al pequeño en el mundo universitario, segundo las responsabilidades que genera el escoger una profesión que diseñara el trasegar de la vida, y tercero los nuevos lazos de amistad que surgen en esta etapa.
Pero como todo proceso tiene su inicio y en la universidad se llama inducción, aquí los prospectos de profesionales conocen todo lo concerniente a estatutos, cuerpo administrativo y planta física de la institución, esta última muy importante para no caer en el error de entrar al salón equivocado o evitar espacios concurridos por lo denominados antiguos, porque como dice Angélica María Orrego, estudiante de primer semestre de Comunicación Social: “Ser primípara crea inseguridad los primeros días, la idea de caerse en público o entrar en la cafetería, se tratan de evitar para no dar papaya”.

El proceso de adaptación para algunos es complejo al comienzo, el manejo de los horarios, que hacer en los espacios entre clase y clase, reconocer a los profesores cuchillas e integrarse a un grupo de amigos, son conceptos que hacen parte durante este periodo, “casi todos aún están cuadriculados con los horarios de clases y las costumbres del colegio, siempre quieren llegar puntuales”, afirma Angélica Orrego.
A este selecto grupo siempre se les reconoce por andar en manada para protegerse, correr por los pasillos para llegar a clase y tener la mejor pinta, todo con el fin de estar a la moda, “ todos los días parece una competencia por verse mejor que el otro”, concluye Angélica Orrego.

Pero es dentro de esta etapa universitaria, que se construyen ideologías, se afianzan conocimientos, se establece la clase de personas que serán y se consolidan las bases para el futuro, evidenciándose que eran muy diferentes a lo que buscaban, como lo explica Angélica Orrego: “En el caso de comunicación son muchas las jóvenes que ingresan simplemente con la idea de ser presentadoras famosas”.

Así que en resumidas cuentas, sólo queda que disfruten al máximo este ciclo de la vida, que es uno de los mejores y determinante en la búsqueda de su verdadera esencia y lugar en el mundo.