Manizales, septiembre 15 de 2008
Son las 3 de la tarde y ya la ciudad siente el ambiente de fútbol, se acerca la llegada de los buses con la hinchada del Quindío en esta oportunidad el equipo visitante, las calles alrededor del Palogrande se visten de fiesta.
El contexto futbolero no sólo se reactiva cada fecha con la presencia de los vendedores de gorras, banderas y ponchos alusivos al onceno de casa, sino a la alegría y al entusiasmo, con el que se movilizan los aficionados a la espera de presenciar un clásico encuentro cafetero.
Se acerca la hora de inicio del partido y la hinchada empieza a calentar motores, Holocausto al norte del estadio, se acomoda con toda su parafernalia para animar al Once Caldas y prender así la fiesta del fútbol. Del otro lado se encuentra la barra del Quindío, quizás en desventaja por andar de visita y no contar con todos sus integrantes, pero sus cantos y coros repican en el escenario deportivo.
Son las 3 y 30 de la tarde y se da inicio al cotejo, los jugadores salen a la cancha y se incrementan los ánimos, el sonido de los tambores, los himnos y las trompetas de las barras avivan la afición.
Así es, tanto quindianos como caldenses van por los tres puntos, aquí no se vale ser de la misma región; las fronteras y las hermandades quedan a un lado, tanto en la cancha como en las tribunas, pues los intereses son personales, únicos e intransferibles, aquí lo que realmente vale es ganar y por qué no empatar.
Han transcurrido varios minutos del primer tiempo y la ya la hinchada exige resultados, quizás ante la actuación de dos equipos cuyas definiciones no son claras, pero al minuto 26 el blanco, blanco en cabeza del jugador Ciciliano anota el primer gol del partido, lo que enciende el júbilo del espectáculo.
Holocausto hace temblar al Palogrande, el resto de la afición con sus palmas y gritos de celebración por segundos se sienten los dueños de la victoria. Lugo de la alegría, continua la competencia, pases van, bolas vienen pera no hay más anotaciones, se termina el primer tiempo y quince minutos de descanso.
Durante el receso los seguidores aprovechan para estirar, hablar acerca de lo que su equipo ha hecho en el campo de juego hasta el momento y por que no para comer uno que otro mecatíco.
Inicia el segundo tiempo y los ánimos yacen calmados, pero a la expectativa de lo que será la última parte del gran clásico. Quindío entra con los motores puestos tanto así que l a los 17 minutos de este periodo marca la igualdad. Los verdes con amarillo, celebran la notación, la barra del Quindío se sienta en una sola ovación, que hace eco en el Palogrande; un eco que contrasta con las miradas angustiosas y frustrantes de los hinchas del Once Caldas.
Se acerca el final, un momento algo dramático, pues aunque ninguno de los equipos esta perdiendo, no se dan los resultados esperados, en esta recta todos creen saber del tema, todos opinan con gritos de reclamo a sus quipos, mejor dicho todos se creen directores técnicos.
Al final nadie se lleva los tres puntos y los quipos en igualdad de condiciones, no sólo por ser cafeteros si no lograr un empate en la región, aunque para el once Caldas este resultado se haya vuelto costumbre pues lleva tres fechas de empate como local.

Redacción: Ciudadeje.com