
Después de 40 años de una vida alrededor del grano, Francisco Franco llama a su proyecto 'Camperitos del café'..

Francisco Franco se sueña en la Quinta Avenida de Nueva York vendiéndole a cada colombiano un tinto y un pañuelo. El empresario, nacido en Albán, un corregimiento de El Cairo, en el norte del Valle, cree que los pañuelos serán necesarios porque sus compatriotas llorarán de emoción al probar el café de su tierra al lado de la original cafetera rodante que construyó a partir de un viejo Willys 52.
Con voz emocionada, este hombre sencillo de 40 años con nombre de dictador español, recuerda que su vida ha estado ligada siempre al café.
Cuando tenía 11 ó 12 años ya era recolector del grano en fincas cercanas a su pueblo natal, actividad que realizó por varios años en los ratos libres que le dejaba la escuela; se volvió luego mesero de cafeterías, oficio que desempeñó durante varios años. Pero, su verdadera fiebre por el café preparado y sobre ruedas estaba por llegar. Su aparición fue hace 12 años cuando viajó a Buenaventura, donde creó la primera cafetería rodante a partir de una máquina de expreso ensamblada a una especie de triciclo, en el que recorría el pueblo ofreciendo el tinto a la hora del sueño, en el caluroso inicio de la tarde. Aunque le fue bien, Francisco no le encontraba aún el sabor que él quería a su oficio.
Por eso se fue a Cartago, donde vive hace ocho años, y puso a rodar su idea con tanto éxito que varios de sus hermanos y primos se antojaron de un negocio similar y empezaron a trabajar con triciclos que hoy todavía funcionan vendiendo tinto durante el día. Pero, su alma ambiciosa no tenía paz. Francisco quiso pasar de las tres a las cuatro llantas, y además afinó su espíritu de ensamblador de 'cochecitos', como les dice a sus creaciones. Probó con la venta ambulante de tinto en un pequeño campero Suzuki, y luego lo hizo en una vetusta camioneta Volkswagen. Ambos intentos fueron fallidos y solo le dejaron pérdidas. 'Una idea muy chévere' Desesperado por la difícil situación económica, estaba listo para irse a probar suerte en Medellín. Sin embargo un día del 2003, estando en Quimbaya (Quindío), se le ocurrió la idea alucinante de ofrecer algo auténtico: vender más que un sabor una sensación, un orgullo, un producto lleno de añoranzas y amor a la tierra cafetera. Reuniendo centavos se compró en seis millones de pesos un viejo Willys modelo 52, como aquellos que había visto en la población quindiana, y se imaginó una cafetera ensamblada en el cuerpo del auto, y al auto cargado con costales llenos de café e imágenes de ca
rrieles y la bandera de Colombia. Preocupado más por el aroma que por el sabor, y con una inversión de casi 10 millones de pesos, dotó el vehículo de las máquinas necesarias para tostar y moler el grano allí mismo, pues se había convencido de que "el humo es el que vende".
Además, como todo entra por los ojos, y "la idea era montarlo bien chévere", vistió a su mujer y su hija de 13 años y a su hijo de 8, con los atuendos propios de la chapolera y el caficultor, para que quien tomara tinto en su negocio se sintiera al pie del cafetal. También, para endulzar el oído del cliente, permitió que 'Metralleta', un guitarrista muy popular en Cartago, diera sus conciertos de música campesina al lado del vehículo. Su idea fue tan exitosa que no solo desechó el viaje a Medellín, sino que se quedó en Cartago, donde en las tibias noches -de 6:00 p.m. a 12:00 p.m.-, la gente hace fila para disfrutar de una deliciosa bebida, a solo 500 pesos el tinto ó a 1.500 el capuchino. También vende amareto, carajillo, expreso y café loco. Hoy, como diseñador autodidacta de máquinas y dueño de una idea que resulta llamativa para muchos en la región, Francisco decidió compartir el proyecto con un socio capitalista, Carlos Liévano, quien lo ha ayudado a ensamblar este año otros cuatro Willys que, bajo la marca 'Camperitos del café', ofrecen su producto por las calles de Pereira.
Convencido de que su idea puede ser mejor que la de las tiendas Juan Valdez, el empresario usa las horas del día para pensar en los diseños de los nuevos 'cochecitos' con la inscripción 'Colombia y café, lo mejor del mundo', que buscan llevar a todo el país y el exterior. Y, cuando llegan las noches, vestido con poncho y sombrero, y al lado de su familia, Francisco arriba al parque principal de Cartago y estaciona su carro, convertido hoy en el tertuliadero del pueblo, y ofrece a los cientos de personas que se acercan la bebida que se imagina vendiendo a miles de colombianos nostálgicos en la capital del mundo. El café en almendra se vuelve bebida caliente en pocos minutos
1. El grano tipo exportación se saca de una góndola para 2 kg. de café en almendra. Rinde unos 500 tintos.
2. Pasa luego a un tostador que cada 20 minutos procesa unos 300 grs., que alcanzan para unos 70 tintos.
3. Manualmente se echa en el molino, el cual desprende un agradable aroma que se esparce por el ambiente.
4. Al salir de la molienda pasa a la máquina de vapor donde se destila. La bebida se sirve en vaso desechable.
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