¿Un presupuesto prudente?

César Caballero R. / Decano Ciencias Sociales U. Autónoma de Manizales
El Congreso aprobó el Presupuesto General de la Nación que constituye, en mi criterio, una de las leyes más importantes que se tramitan cada año en cualquier país. Normalmente se aprueba sin mucha discusión sobre su contenido y en medio del conocido ‘pupitrazo’. El pasado jueves ocurrió lo mismo.

¿Un presupuesto prudente?



César Caballero R. / Decano Ciencias Sociales U. Autónoma de Manizales
El Congreso aprobó el Presupuesto General de la Nación que constituye, en mi criterio, una de las leyes más importantes que se tramitan cada año en cualquier país. Normalmente se aprueba sin mucha discusión sobre su contenido y en medio del conocido ‘pupitrazo’. El pasado jueves ocurrió lo mismo.

El monto global (105,3 billones de pesos) muestra que el gasto público sigue creciendo a un ritmo muy superior al de la economía. Para el próximo año tendremos gastos adicionales, en pesos corrientes, por 12 billones de pesos, es decir, un incremento poco prudente (del 13 por ciento). La tendencia no es sólo por el año electoral pues desde el 2002 hasta la fecha, los gastos se han incrementado de 66,7 billones de pesos a los 105,3 billones de pesos actuales.

Los gastos de personal han aumentado de 7,4 billones de en el 2002 a 10,5 billones de pesos el año entrante. Los generales de 2,2 a 3,3 billones de pesos. Las transferencias de 22,9 a 37,1 billones de pesos y la inversión pasó de 10,6 a 14,6 billones de pesos. Es decir, la prudencia en el gasto no parece haber sido la norma, ni existen indicios de que lo será en el 2006.

Los ingresos tributarios también han crecido, lo cual me parece sano. Mientras en 2002 la Dian reportaba un recaudo de 10,8 billones de pesos por impuesto de renta y complementarios, para el año entrante presupuesta, por este impuesto 18,3 billones de pesos. En IVA se presenta una situación similar, pasamos de 11,4 a 18,6 billones de pesos. El impuesto a los gravámenes financieros, 4 por mil, también creció: de 1,4 a 2,6 billones de pesos.

Cómo seguimos gastando más de lo que recaudamos, el llamado déficit fiscal se mantiene y el servicio de la deuda sigue expandiéndose: en el 2002, se dedicaron 22,9 billones de pesos para este rubro y en el 2006 se necesitarán 39 billones de pesos.

La película que continúan mostrando las cifras fiscales es la de un Gobierno Central muy poco prudente o austero que gasta más de lo que recibe y por ello continúa recurriendo al crédito. Se cumplen las metas con el Fondo Monetario Internacional, por una afortunada combinación de superávit en los departamentos y municipios, altos precios del petróleo y la revaluación. Nada de esto tiene que ver con un manejo prudente y austero de los gastos.

Las firmas calificadoras de riesgo, menos emocionales que el promedio de los colombianos, miran las cifras fiscales y en medio de nuestro optimismo, nos siguen dando la misma calificación de riesgo país de 1999, el peor año de la crisis. La razón es sencilla, un Gobierno que continúa gastando por encima de sus posibilidades, recurre al crédito y algún día, va a tener dificultades para honrar sus obligaciones.

Pero claro, la prudencia y la austeridad en el gasto no son la norma para quien reconoce que su urgencia es el juicio inmediato del pueblo en las urnas y no el remoto juicio de la historia.