El drone más rápido del mundo lleva sangre y ayuda a salvar vidas

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Cubre 20 % de la demanda de este suministro para lugares apartados del país africano.

 

Zipline, compañía con sede en California, acaba de lanzar un vehículo que puede llegar a 128 km/h. La empresa hace entregas de sangre en Ruanda y cubre 20 % de la demanda de
este suministro para lugares apartados del país africano.

El negocio de envíos por drones es quizá uno de los segmentos más vibrantes en el desarrollo de estos dispositivos, después de sus usos para industrias pesadas como minería o
construcción, claro está.

Amazon, por ejemplo, tiene un ambicioso proyecto de entrega de paquetes con drones que aún está en etapa de prueba y que, de convertirse en una realidad, le daría enorme
capacidad de maniobra a la compañía, especialmente en áreas densamente pobladas, con problemas de tráfico que complican los tiempos de desplazamiento de un camión de repartos,
por ejemplo.


Pero esta no es la única empresa que está buscando entrar a este mercado o que, efectivamente, ya lo hizo. Zipline, una compañía californiana, lleva operando casi dos años en
Ruanda (África), en donde realiza entregas de materiales médicos, como suministros sangre, por ejemplo.

La empresa atiende primordialmente a poblaciones lejanas a Kigali, la capital del país africano, que necesitan suministros médicos de urgencia. Hoy, la compañía estima que 20 %
del suministro de sangre por fuera de la capital se mueve a través de sus drones.

Ruanda tiene una población de casi 12 millones de habitantes y en la capital viven casi millón y medio de personas, de acuerdo a cifras del último censo, realizado en 2015.

En 2016, el gobierno de Ruanda contrató a Ziplinea para hacer entregas de sangre, plasma y plaquetas desde un centro de distribución que opera en conjunto con 15 drones.

Zipline ha completado más de 4.000 vuelos, en los que ha entregado unas 7.000 unidades de sangre. Su CEO, Keller Rinaudo, asegura que estos envíos han sido “misiones de vida o
muerte”. Las entregas de la compañía han estimulado el uso de estos productos en hospitales que no tenían acceso regular a ellos. En algunos, la demanda ha crecido hasta 175 %.
Actualmente, la empresa está en proceso de abrir su segundo centro de distribución lo que, asegura, podría permitir a cubrir todo el país con los drones.

La compañía lanzó esta semana su más reciente nave, que puede llegar a una impresionante velocidad de 128 km/h, lo que quizá lo convierte en el drone más rápido del mundo en
operación comercial actualmente. La nave tiene una autonomía de 160 km y puede llevar casi dos kilos de peso en su interior. En velocidad crucero, el drone vuela a más de 100
km/h.

La velocidad y alcance de este nuevo drone le permitirá a Zipline pasar de 50 entregas por día a unas 500. Además del nuevo drone, la compañía también rediseñó su proceso
logístico para reducir dramáticamente el tiempo de procesamiento de una orden, pasando de 10 minutos a uno entre la recepción del pedido y la salida de éste. Este incremento,
claramente, viene con planes de expansión a otros países.

En entrevista con el portal Quartz, Rinaudo aseguró que ya se encuentra en negociaciones para entrar a países como Tanzania y Estados Unidos, en donde mantiene conversaciones
con al menos seis gobiernos estatales para ingresar a operar sus drones con compañías de salud en estos lugares.

Actualmente, la operación urbana de drones es una suerte de papa caliente para reguladores de todo tipo, tanto gobiernos locales, como autoridades de seguridad aérea. Pocas
compañías han logrado efectuar pruebas u operar constantemente en áreas densamente pobladas.

Una de las historias de éxito en este terreno es Airobotics, una compañía israelí que tiene la única licencia en el mundo para volar en áreas urbanas con vehículos completamente
autónomos. Su CEO, Ran Krauss, admite que también quisiera ingresar al negocio de las entregas, pero primero busca consolidarse en el sector industrial, uno de los que ofrece
mayores usos potenciales para las empresas de tecnología.

 

 

 

TOMADO DE: www.elespectador.com