Malpelo, el santuario sagrado de los tiburones que Colombia protegió. Diario

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Los tiburones son el emblema del santuario y su figura prominente. Son el depredador tope que mantiene el equilibrio de la cadena alimenticia.

 

El país amplió esta área protegida de 950 mil hectáreas a casi 2.5 millones. Los islotes son Patrimonio Natural de la Humanidad y uno de los nueve sitios intangibles en el
planeta. Sin embargo, la pesca ilegal tiene en jaque su vida marina. Recorra en fotos este lugar paradisíaco.

De pronto, un cardumen de tiburones tapó el sol. Jorge Sánchez y Diego Hurtado llevaban ya un rato sumergidos cuando observaron un cambio de luz, en el momento en el que se
voltearon, se encontraron de frente con más de 100 tiburones-martillo que migraban a la isla de Malpelo.

"Por la profundidad a la que buceamos, teníamos un tiempo limitado de autonomía y tuvimos que ascender. Allí fue el momento más temeroso, a medida que empezamos a ascender, el
cardumen se abrió en círculo y nosotros pasamos entre ellos, tranquilamente, sin ningún problema. Yo ya había tenido experiencias con tiburones, pero ese encuentro fue
asombroso, fue hermoso."

El lugar en el que se produjo ese encuentro que, veinte años después, el biólogo marino Jorge Sánchez, recuerda como si hubiera ocurrido ayer recibió el jueves pasado una
especie de bendición. El gobierno decidió ampliar el área protegida de 950 mil hectáreas a casi 2.5 millones. Eso significa que allí queda prohóbida toda actividad humana como a
pesca o la actividad petrolera con el fin de preservar la vida que la habita.

Muy pocos seres humanos tienen la posibilidad de conocer Malpelo. Se trata de un lugar aislado, a más de 500 kilómetros de Buenaventura, al que apenas se puede acceder en lancha
después de un recorrido de cuatro días. Sin embargo, la mayoría de los testigos del que han tenido el privilegio de nadar cerca de este peñasco que ni si quiera aparece en las
imágenes terrestres de Google, quedan maravillados.

Si hubiera que encontrar un punto de comparación, podría decirse que Malpelo es el equivalente colombiano del archipiélago de Galápagos, conocida por la mayoría de los amantes
de la naturaleza por haber sido una fuente de inspiración para la teoría de la evolución de Charles Darwin.

En tierra Malpelo apenas tiene una conformación de dos enormes rocas, que se sitúan en la cima de la misma cordillera sumergida, y sobre las que no existen más que enormes
pájaros posados en la superficie. Sin embargo, debajo de sus aguas es una especie de Arca de Noé del mar que guarda la mayor diversidad de especies del océano pacífico. Rodeada
de una barrera de coral protectora, Malpelo es un lugar sagrado para miles de mamíferos y peces que también transitan por las islas Gorgona, Coiba y Cocos durante sus
tribulaciones por la inmensidad de ese océano.


Pero la riqueza de este peñasco ignorado durante tanto tiempo por el hombre, refugio de cientos de especies de tiburones martillo y sedosos, atunes, piqueros enmascarados, peces
de todas formas y colores, ha despertado la codicia de miles de pescadores de todo el mundo que confluyen en sus costas para llenar los filetes de sus buques.

Así que la lucha de los científicos ha sido larga para poder primero persuadir al gobierno colombiano de reconocer la importancia del santuario, luego protegerlo eficientemente
con su armada y finalmente comprender que en el punto más occidental de su geografía podía encontrar un modelo único de subsistencia ecológica beneficioso para la economía
nacional.

El hecho de que Malpelo estuviera situado a 330 kilómetros del continente y a esos 500 kilómetros de la población de Buenaventura no sólo permitió la conservación de especies
únicas en su entorno natural, sino que facilitó al país extender sus derechos económicos sobre una gigantesca franja de territorio marítimo al occidente del país.

 


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